Llegando a Casa.

Llevaban corriendo mucho tiempo, hacían lapsos de caminata de cuando en cuando, las calles estaban vacías a esas horas de la noche, ni siquiera los veladores que pasaban pitando, se oían a lo lejos, pero el miedo angustioso de esa soledad los volvía hacer correr. Faltaban ya dos cuadras para llegar a su casa, una distancia bastante corta si tomamos en cuenta desde donde venían corriendo.

El palpitar de sus corazones de apenas seis años, estaba ya desenfrenado y el ruido de sus respiraciones cubría el ensordecedor silencio, la temperatura había bajado mucho y el vapor que salía de sus bocas cada vez era más notorio.

Ella lo miraba angustiada, pero él le daba ánimos en silencio.

Algunas casas los separaban ya de su hogar cálido donde de seguro los esperaba preocupada su madre, una madre que les hubiera gustado mucho conocer, pero que los abandono allí en la calle, ni siquiera sabían si de verdad querían llegar a esa casa donde su madre jamás los espero, pero tenían que seguir corriendo, el miedo se metía cada vez más en su sangre, con cada paso que daban, la distancia cada vez más corta les provocaba una agonía y desesperación que les apretaba la cabeza con una intensidad insoportable. Finalmente, llegaron, pero no reconocieron la fachada,

sin duda era la calle y el número, ¿acaso había pasado tanto tiempo?, el árbol viejo se hallaba ya mocho, seguramente lo degollaron porque le causaba molestias a los vecinos, pero, ese era el árbol sin duda alguna, la marca del número de metal de la dirección de su casa se hallaba en un relieve apenas perceptible pues las marcas del tiempo habían hecho mella en el hierro oxidado.

llegandoacasa

 

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